febrero 2, 2026

Con el pueblo todo sin el pueblo nada.

⚠️¿Por qué a los que ayudaron, no… y a los que insultaron, sí? ✍🏽Abraham Vázquez MORENA arrastra un defecto que empieza a volverse estructural: mientras la militancia que sudó la camiseta es marginada, el partido se sigue llenando de los mismos de siempre. Me negué durante mucho tiempo a aceptarlo, pero la evidencia es contundente: misma corrupción, mismas mañas, apenas un cambio de color. Se les olvida algo esencial: el poder lo otorga el pueblo y el pueblo también lo puede retirar. El ejemplo más claro está en Tamaulipas. Empresarios que apoyaron campañas hoy no reciben ni una llamada. Periodistas que estuvieron al pie del cañón fueron desplazados. El mensaje es brutalmente claro: “Hazte a un lado, ya no sirves”. A la militancia: “Fuera, chairo, aquí no cabes”. Lo que se necesita —dicen— son juniors reciclados, apellidos conocidos, élites de siempre. Ese es el error de MORENA, y cada día se nota más. ¿Por qué no seguir la línea que el expresidente encabezó y que Claudia respalda? ¿Por qué insistir en los mismos vicios? ¿Por qué no lo entienden? La respuesta es simple y preocupante: en Tamaulipas no manda el esfuerzo, manda la burguesía. Es la misma élite de siempre, solo que ahora vestida de guinda. Para colmo, no existe oposición real ni contrapeso. El PRI camina hacia su desaparición con la nueva reforma electoral; el PAN se debilita aceleradamente. El resultado es un país que avanza hacia un poder concentrado, pero no en manos del pueblo, sino de las mismas familias de siempre, ahora sin límites ni equilibrios. Hoy se vuelve a plantear, con ligereza y desprecio, que el periodismo impreso ya no le importa a nadie, que lo único relevante son las redes sociales y el ruido inmediato. Hay ahí un profundo contrasentido. El periodismo no es escándalo ni tendencia, no es aplauso fácil ni clics comprados. El periodismo es compromiso y pasión, son datos verificados, contexto y memoria. Y es también maltrato, precariedad y resistencia diaria, pero sigue siendo uno de los pocos diques frente al poder desmedido. Despreciarlo no es modernidad: es conveniencia política. Ojo, ciudadanía. No se confundan con los disfraces ni con el ruido. El diablo suele cambiar de rostro, pero sigue siendo el Diablo. Y cuando no hay límites al poder, no gobierna el pueblo: gobierna la élite.

⚠️¿Por qué a los que ayudaron, no… y a los que insultaron, sí?

✍🏽Abraham Vázquez

MORENA arrastra un defecto que empieza a volverse estructural: mientras la militancia que sudó la camiseta es marginada, el partido se sigue llenando de los mismos de siempre. Me negué durante mucho tiempo a aceptarlo, pero la evidencia es contundente: misma corrupción, mismas mañas, apenas un cambio de color.
Se les olvida algo esencial: el poder lo otorga el pueblo y el pueblo también lo puede retirar.

El ejemplo más claro está en Tamaulipas. Empresarios que apoyaron campañas hoy no reciben ni una llamada.
Periodistas que estuvieron al pie del cañón fueron desplazados. El mensaje es brutalmente claro: “Hazte a un lado, ya no sirves”. A la militancia: “Fuera, chairo, aquí no cabes”.

Lo que se necesita —dicen— son juniors reciclados, apellidos conocidos, élites de siempre.

Ese es el error de MORENA, y cada día se nota más.

¿Por qué no seguir la línea que el expresidente encabezó y que Claudia respalda?
¿Por qué insistir en los mismos vicios?
¿Por qué no lo entienden?

La respuesta es simple y preocupante: en Tamaulipas no manda el esfuerzo, manda la burguesía. Es la misma élite de siempre, solo que ahora vestida de guinda.

Para colmo, no existe oposición real ni contrapeso.

El PRI camina hacia su desaparición con la nueva reforma electoral; el PAN se debilita aceleradamente. El resultado es un país que avanza hacia un poder concentrado, pero no en manos del pueblo, sino de las mismas familias de siempre, ahora sin límites ni equilibrios.

Hoy se vuelve a plantear, con ligereza y desprecio, que el periodismo impreso ya no le importa a nadie, que lo único relevante son las redes sociales y el ruido inmediato.

Hay ahí un profundo contrasentido. El periodismo no es escándalo ni tendencia, no es aplauso fácil ni clics comprados. El periodismo es compromiso y pasión, son datos verificados, contexto y memoria.

Y es también maltrato, precariedad y resistencia diaria, pero sigue siendo uno de los pocos diques frente al poder desmedido.

Despreciarlo no es modernidad: es conveniencia política.

Ojo, ciudadanía.

No se confundan con los disfraces ni con el ruido.

El diablo suele cambiar de rostro, pero sigue siendo el Diablo.

Y cuando no hay límites al poder, no gobierna el pueblo: gobierna la élite.